Los seis pasos con los que Steve Jobs entrenaba su cerebro



Steve Jobs es uno de los dos o tres grandes iconos de alta tecnología, sólo comparable a Bill Gates. Es sobre todo conocido por su legendaria habilidad para crear productos innovadores, revolucionarios, de vanguardia.

Lo que es menos conocido, sin embargo, es que Steve Jobs fue un pionero en lo que podríamos definir como la esotérica “tecnología de la mente”. El uso de la meditación Zen de atención plena para reducir su estrés, obtener más claridad, y mejorar su creatividad.

“Si te sientas y sencillamente te observas a tí mismo verás lo inquieta que está tu mente. Cuando intentes tranquilizarla, la situación sólo se pondrá peor. Si al cabo de algún tiempo lo logras, se abrirán ante tí las cosas más sutiles. Tu intuición se hará más aguda, tu visión será más clara y serás consciente de tí mismo en el tiempo, en ese momento específico, aquí y ahora. Tus pensamientos se harán más lentos, tu conciencia se ampliará y verás muchísimo más allá de lo que veías antes.”

Lo que Steve Jobs describe de este modo es la meditación Zen. Él descubrió la práctica de esta disciplina durante su visita a la India siendo un muchacho joven en los años 70. En los años que siguieron, Jobs continuó practicando y perfeccionando sus técnicas de meditación y de sensibilización.

Poco tiempo antes de morir, Jobs le contó a su biógrafo Walter Isaacson que hacía varios años que practicaba la meditación. El periodista y escritor Jeffrey James con quien Jobs desde comienzos de la década de 1990 conversaba acerca de la relación entre la filosofía zen y la programación de computadoras, fue testigo de ese momento y describe los seis pasos citados por Jobs:
PASO 1: Sentarse con las piernas cruzadas en un lugar tranquilo, de preferencia en una almohada baja para reducir la tensión en la espalda. Comenzar suavemente a hacer respiraciones profundas.

PASO 2: Cerrar los ojos y escuchar el monólogo interior, los pensamientos que giran incesantemente a por la cabeza todo el tiempo: el trabajo, el hogar, la televisión, lo que sea. Esos pensamientos son el parloteo de nuestra “mente de mono”. No hay que detenerlo, al menos no todavía. Sólo observar cómo salta de un pensamiento a otro. Hacer esto durante cinco minutos todos los días durante una semana.

PASO 3: Después de una semana sin tratar de silenciar la “mente de mono”, durante la meditación debemos intentar cambie la atención a nuestra “mente de buey.” La mente de buey es la parte del cerebro que piensa despacio y en silencio, sólo observa el mundo que la rodea. No lo juzga, no busca encontrar el significado. No intenta asignar un sentido a nada. Sólo ve, oye y siente. La mayoría de las personas sólo escuchan realmente su mente buey cuando experimentan un “momento impresionante”. Sin embargo, incluso cuando la mente de mono nos está volviendo locos con sus “hacerlo ahora” “ya” “inmediatamente”, la mente de buey sigue ahí, con sus pensamientos lentos y profundos.

PASO 4: Una vez que seamos conscientes de la mente de buey, comienza el momento de calmar la mente de mono. Jeffrey James cuenta que a él le ayudaba la siguiente técnica: imaginaba a un buey que iba tranquilamente por un camino y el mono, como hechizado, se quedaba dormido. No debemos enojarnos si la mente de mono sigue despierta. “Es un mono, por lo que no puede dejar de actuar como tal” dice James. “Sin embargo, descubrirás que cada vez con mayor frecuencia el mono descansará en vez de saltar errante por tu mente.”

PASO 5: A medida que la mente de mono se calma, seguir profundizando el cambio a mente de buey. La respiración se hará más lenta y se sentirá en la piel el roce del aire. “Es posible que sientas cómo corre la sangre por tus venas. Si abres los ojos verás que el mundo a tu alrededor te parecerá algo diferente, nuevo e incluso algo extraño”. Una ventana, por ejemplo, se convierte en sólo una cosa cuadrada que llena de luz. No necesita ser abierta o cerrada o limpiado o reparado o cualquier otra cosa. Solo está allí. Cada uno está allí.

PASO 6: A pesar que puede tomar un tiempo llegar ahí, podremos saber que estaamos haciendo el ejercicio correctamente cuando pareciera que no ha pasado nada de tiempo entre el momento en que se inició el temporizador y cuando termina la meditación. Cuando se tiene éxito en eso, podemos aumentar gradualmente la cantidad de tiempo que meditamos cada día. Extrañamente, no importa cuanto dure la práctica, parecerá como si no hubiera pasado el tiempo.  


Fuente: http://buenavibra.es/ 

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