Un sin techo no pedía dinero sino que le DEVOLVIERAN a su perro


¿Que harías por un amigo? Seguro estás haciendo una lista de cosas. ¿Y que harías si sólo tenés un amigo? Te sobraría el papel para anotar. La lista de cosas se reducirían a una sola palabra: TODO. Así, con mayúsculas.
La semana pasada, por las calles de Texas, deambulaba un muchacho que conoce bien los lugares que pisa. Él vive en las calles de la ciudad. Se paró en un semáforo y apoyó en su pecho un cartelito. Era un pedazo de cartón sobre el cual había escrito con un marcador grueso. No pedía dinero para él. Pedía ayuda. Quería que le rescataran a su perrito. Ese por el cual es capaz de cualquier cosa.
Cómo sucede en nueve de cada diez casos los automovilistas seguían su camino, impávidos. Se sabe. Los pobres son invisibles. Son algo que están, pero no se los ve aunque están a nuestro lado.
Hasta que una conductora detuvo su marcha. El mensaje la había pegado en particular. El cartel decía: "Mi perro está en la perrera. Ayúdame". La conductora se llama Wilma y es dueña de un negocio justamente para perros, el Mr.K’s Pet Shelter.
Estacionó el auto y se acercó al muchacho. Supo que se llamaba Patrick. El chico le dijo que necesitaba 120 dólares para recuperar a su amigo. Era lo que le cobraba la perrera para retirarlo.
Wilma le dijo que en ese momento no tenía el dinero, pero que estaba dispuesto a ayudarlo. Que mañana volvería a encontrarlo en el mismo lugar. La mujer, que vive en la zona, pasó un par de veces más por el lugar durante el día. Y vio a Patrick sentado cerca del semáforo. Como esperando el día siguiente y que la mujer volviera.
Wilma llamó a la perrera para comprobar si la historia era cierta. Le informaron que era todo real, al 100%. Le dijeron que el perro estaba en óptimas condiciones de salud, perfectamente cuidado, bañado y alimentado, y que se lo habían quitado a Patrick porque tenían que darle una vacuna antirrábica y hacerle un examen cardíaco, ambas cosas una rutina para todos los que tienen un perro. Con una salvedad: Patrick no tenía los 120 dólares que cuestan los estudios.
A primera hora del día siguiente Wilma fue al semáforo. Comprendió que Patrick había pasado la noche allí, sin moverse. Esperándola. Entre cientos de indiferentes ella fue la única dispuesta a ayudarlo.
Subió al muchacho a su camioneta y fueron hasta la perrera. Wilma entendió todo en el momento que trajeron al perro al lado de Patrick. La dicha de ese animal por ver a su dueño era conmovedora. Y las lágrimas del muchacho eran la respuesta que Wilma nunca había invertido mejor 120 dólares que en esta ocasión.
Así estuvieron. Abrazados perro y humano. En un interminable par de minutos. Wilma pagó los 120 dólares  y a Fred Frederick, que así se llama el cuzco, le aplicaron la vacuna y le hicieron el estudio cardiológico, que tuvo un resultado óptimo.
Deuda saldada y el momento de partir. Juntos.
Faltaba una emoción más. Patrick revolvió en su bolsillo. Sacó un billete arrugado y unas monedas. Sumaban once dólares con cuarenta centavos. Toda su fortuna monetaria. Quiso darle el dinero a Wilma como para restituirle algo de lo que ella le dio para su perro. La mujer se negó.
Al salir a la calle vio irse caminando a Patric que llevaba con su correa azul a Fred Frederick. Los amigos del alma. Los que viven a la par. A Wilma se le escapó una lágrima: "Todos nos hemos encontrado alguna vez en la vida en una situación difícil. No se cuál es la historia de Patrick. Tampoco quise preguntarle. No soy nadie para actuar como una investigadora. Pero de algo estoy segura. Ese muchacho ama a ese perro como nada en el mundo. Y ese perro ama a ese muchacho como lo único que existe en la Tierra. Lástima que no haya tenido más dinero conmigo. Me hubiera gustado pagarles una semana en un alojamiento a los dos".
Por alguna calle de Texas andará Patrick y Fred Frederick, el perro con nombre y apellido. Irán juntos, a la par. Sabiendo lo que uno haría por el otro: TODO. Sin importar donde dormirán hoy o que cosa comerán mañana. Tienen lo más importante: su mejor amigo a su lado. Ese que nunca te va a abandonar... 
El momento del reencuentro entre los dos.
  

Fuente: http://muy.clarin.com

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