"La violaban mientras estaba pariendo": la pesadilla de las mujeres traficadas en Londres



Me mira a los ojos y me dice: "Lo que vi ese día es una de las cosas más perturbadoras que he visto en toda mi vida".

Eran las 11:00 de la mañana cuando Yenny atendió el teléfono.

"El policía me dijo que habían encontrado a una mujer en una casa y que tenía heridas muy graves, que estaba muy maltratada".


El agente señaló que era una persona que "estaba metida en la prostitución"."Está muy alterada, está gritando", señaló el funcionario. "Habla un idioma que no entendemos, quizás es portugués. ¿Pueden venir por favor?".

Yenny, que trabajaba en una organización no gubernamental que apoya a mujeres latinoamericanas en Reino Unido.

Yenny Aude es ahora la directora de LAWA (Latin American Women’s Aid), la organización a la que la policía llamó hace cinco años para pedir ayuda con ese caso.

"Las fotos que vi de cómo la hallaron eran absolutamente perturbadoras", me cuenta.

"Cuando llegó la policía, la encontraron colgada: así era como la violaban y así fue como abortó. Estaba siendo violada mientras estaba pariendo. Estaba desangrada".


La mujer había salido de Colombia rumbo a España con la intención de trabajar. Pero fue engañada y cuando llegó, le quitaron sus documentos y la forzaron a prostituirse por "unos años".

"Cuando hablé con ella la primera vez, le pregunté si sabía dónde estaba y me dijo: ’¿En España?’. En ese momento no recordaba cómo la habían trasladado a Londres".

La mujer fue llevada al refugio que LAWA tiene para latinoamericanas que son víctimas de violencia de género en Inglaterra. Es el único de su tipo en Europa.

Pasaron meses de terapias psicológicas y de mucho apoyo emocional para que esa joven de 26 años contara su historia.

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La historia:

Ana había salido de Sudamérica con destino a Inglaterra en la primera década de 2000. Tenía 18 años.

Una prima que vivía en Londres la había invitado y ella no dudó en aceptar, quería escapar de un familiar que había abusado sexualmente de ella.
Cuando llegó a Reino Unido, no contaba con el visado necesario y se tuvo que ir a Francia. Allí estuvo unos meses hasta que su prima mandó a un "amigo" a buscarla.

"Apenas me vio, me dijo: ’Vas a hacer todo lo que yo te diga’. Me asusté mucho", me cuenta.

El plan del sujeto era intentar entrar a Inglaterra vía marítima, a través de Dover, ciudad costera del sur del país.

"Poco antes de llegar al puesto migratorio, el hombre me dijo que me adelantara, que él se quedaría atrás. Agarró mi pasaporte y me dio otro".

Se trataba de un pasaporte español con la foto de Ana.

"Me dijo: ’Pasa con este dinero y con este pasaporte. Tienes que decir que te llamas así (y le mostró el nombre que aparecía en el documento). Apréndete tu nombre completo y la fecha de nacimiento. Tú no me conoces, dices que vienes como turista. No voltees. No tartamudees. No te pongas nerviosa’. Me quería morir. No sabía qué hacer", me cuenta.

Después de que el agente de inmigración revisó su pasaporte minuciosamente y lo pasó "como cinco veces" por una máquina, la dejó pasar.

Ya en territorio inglés, Ana debió esperar por el hombre que la llevaría a donde estaba su prima.

La deuda

"Ya llegaste", fueron las primeras palabras de su pariente cuando la vio. "Ahora te toca pagarme todo lo que gasté en ti. Te va a tocar empezar a trabajar. Vas a hacer todo lo que yo te diga. Estás en mis manos".

Ana se asustó mucho, no entendía. Me cuenta que se contuvo para no llorar.

Su prima intercambió unas palabras en inglés con el hombre que la había llevado hasta allá. Él le entregó todos los documentos de la joven y se fue.

"De pronto, del baño salieron cuatro chicas y se sentaron con nosotras. Mi prima sacó unos teléfonos y una libreta y los puso sobre la mesa. Era como si todo hubiese estado escondido".

"Las chicas estaban en sujetador y bikini, con vestiditos muy transparentes, muy maquilladas y con tacones bien altos".

"Pensé: ’¡Dios ¿qué es esto?!’ y empecé a temblar".

"Le pregunté a mi prima: ¿Qué pasa?"

"Y me dijo: ’En esto es en lo que vas a trabajar’. Y le dije: ’Yo no voy a trabajar en esto’. Pero me respondió: ’En esto vas a trabajar hasta que termines de pagar la deuda que tienes conmigo, hasta que pagues el último centavo que pagué por ti’".

Ana no aguantó más y explotó en llanto.

El encierro

Su prima la encerró en una habitación con las otras jóvenes, quienes trataban de tranquilizarla.

"Recuerdo que me habían dicho que eran de Bolivia, Colombia, México y Venezuela y que tenían entre 19 y 24 años".

"Yo les preguntaba cómo podían aguantar eso y me decían que no tenían otra opción porque estaban permanentemente encerradas con llave. ’No tenemos ni dinero, ni papeles’, me contaban".

"Afuera, en la puerta, siempre hay un hombre, las ventanas están selladas y tienen rejas, la puerta del patio tiene rejas. No hay forma de escapar", le dijeron.

Esa misma noche vio lo que le esperaba.

"Cuando sonó el timbre, las chicas se pararon rápidamente y se pusieron como en una formación", me cuenta.

Las muchachas escondieron a Ana en el baño porque le dijeron: "Los hombres aquí son muy morbosos y si te ven tan joven, seguro te van a agarrar a ti".
"Las chicas intentaban no mostrarme porque no dejaba de llorar. Me explicaban lo que iba a tener que hacer y me decían que debía hacer cosas aunque no quisiera porque si no las hacía los hombres me iban a golpear. ’Te van a decir que están pagando por ti’".

Cada hombre que salía de la habitación le decía a su prima con quién había estado. Cada chica tenía un nombre.

"Tenemos que mostrarte, no podemos esconderte más", le decían a Ana.

Y así sucedió, no pudieron esconderla más. Su propio "infierno" estaba por comenzar.

"Uno tras otro"

Ana recuerda que el primer hombre que le tocó estaba muy borracho y se quedó dormido, el segundo la golpeó porque "yo no me dejaba".

"No fue la única vez que me lastimaron, hubo muchas y nunca nos llevaron a un médico. Las chicas me daban cosas para el dolor", cuenta casi a punto de llorar.

"Llegó un momento en que ’los clientes’ no miraban a las otras chicas y querían solo conmigo y conmigo. Mi prima las sacó y me quedé sola en esa casa".
"Era hombre detrás de hombre, uno tras otro". Muy pocos eran latinos.

"Yo no aguantaba. Yo le decía a mi prima: ’Ya no puedo más’ y me decía que le tenía que pagar la deuda".

"Me acuerdo que había una fila de hombres afuera del cuarto. Era una fila enorme, me acuerdo que cuando abrían la puerta del cuarto, yo veía a varios", me dice con un tono de rabia contenida.

"Algunos hombres no usaban protección y si reclamaba me golpeaban. Tenía que aceptar que lo hicieran por donde ellos quisieran".

Ana recuerda que fue llevada a otras casas, siempre custodiada y en automóviles. Y siempre terminaba igual: encerrada.

Y es que de acuerdo con los expertos, esa es una de las estrategias de las redes de explotación sexual: rentar casas por periodos cortos de tiempo para evitar que la policía les haga seguimiento.
Ana vivió así "un año y unos meses" y cuando intentó escapar, la golpearon.

Recuerda que su prima le decía: "Si sales nadie te va a entender, nadie te va a creer".

"No hablaba inglés, no sabía ni qué día era, estaba totalmente perdida", me cuenta.

"No te das cuenta"

Ana pudo salir de esa red en parte porque estableció una relación con un amigo de su secuestradora que no sabía lo que estaba pasando.
Sin darle detalles de por qué no quería ver a su prima, se escapó con él y quedó embarazada.

Tras un desmayo, fue llevada al hospital. La condición en la que la encontraron llamó la atención de los doctores y los servicios sociales empezaron a pedirle información y ofrecerle ayuda.

"Me preguntaron por qué tenía todas esas marcas en el cuerpo y no les quería decir. Tenía miedo".

Cuenta que los pastores de una iglesia cristiana evangélica también la ayudaron a salir de "la pesadilla".

Sin embargo, si hay alguien que realmente la "salvó" -me cuenta- fue su hijo.

Se le quiebra la voz y llora: "Me salvó de matarme".

Cuando le pregunto por qué aceptó conversar con BBC Mundo sobre lo que padeció, fija su mirada en un punto, se toma unos minutos y me responde:

"Es que hay muy poca información en nuestros países. (Las mujeres) no se imaginan lo que les puede pasar. Yo era muy joven, no conocía nada, me dejé llevar por un sueño, una ilusión, por escapar de mi realidad".

"Yo lo viví en carne propia. Es un tráfico del que no te das cuentas, te están llevando a sufrir más abusos, más traumas, eso duele mucho".

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El método del novio

Tras 10 años trabajando en la organización, Yenny Aude estima que en 35% de los casos que ha tenido a su cargo hubo trata.

"Pero ninguna mujer me ha dicho: ’Fui traficada’. Muchas de las que vienen a pedirnos ayuda, llegan por otras razones. 
Cuando nos empiezan a contar sus historias y les empezamos a hacer preguntas, es que nos damos cuenta que fueron víctimas de trata. Pero ellas no lo reconocen como tal".

"Una forma de tráfico actual, que me impactó mucho en su momento, es el uso de la figura del novio".
"Imagínate: estás en Brasil, Venezuela o Colombia, y viene este caballero europeo y te conquista. Se hacen amigos y después novios. Pero así como me está enamorando a mí en Venezuela, enamora a otra en México y a otra en Colombia, por ejemplo".

"Y finalmente te dice: ’Mi amor, ven a visitarme a Inglaterra, yo te pago el pasaje’. Cuando la mujer llega invitada por su supuesto novio entra en una situación de tráfico, en la que son obligadas a prostituirse".

Tener certeza sobre cuántas mujeres han sido traficadas a Reino Unido es extremadamente difícil y se vuelve aún más complejo cuando se refiere a las latinoamericanas, no sólo porque muchas sobrevivientes prefieren no denunciar sino porque los casos son difíciles de detectar por las autoridades.

Los expertos apuntan a que la trata de latinoamericanos generalmente no se da a una escala comparable con la industria del crimen organizado, sino que en muchos casos se desarrolla de una forma más informal, en la que un conocido de la víctima o un empleador suele estar involucrado.

El Mecanismo de Referencia Nacional (NRM, por sus siglas en inglés: National Referral Mechanism) es el programa con el que cuentan las autoridades británicas para identificar y ayudar a las víctimas de la trata de personas o esclavitud moderna en Reino Unido.

Sus estadísticas se refieren a las "víctimas potenciales de esclavitud moderna" que llegaron a ese programa e incluye casos en proceso de investigación.

Sin embargo, organizaciones de derechos humanos explican que son casos de personas que han sido referidas a ese programa porque hay suficientes razones para creer que han sido víctimas de trata.Entre 2014 y septiembre de 2016, el NRM reportó que la mayoría de víctimas potenciales de trata provenían de Albania, Vietnam y Nigeria.

De América Latina, se registraron 22 casos: de Bolivia, Brasil, Cuba, Guatemala, Nicaragua, Honduras, México, Panamá y República Dominicana. Y estaban relacionados no sólo con explotación sexual, sino con servidumbre doméstica y explotación laboral.

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Uno de los casos que más le ha estremecido es el de una ecuatoriana que actualmente cumple condena en una cárcel británica por narcotráfico.


Su familia era muy pobre y aceptó US$2.000 dólares de "unas personas" que le prometieron que llevarían a su hija a España a trabajar como empleada doméstica. "Hasta firmaron un contrato", recuerda Chávez.

La promesa era un engaño para secuestrar a la joven de 16 años y meterla en una red de prostitución.

Primero, la tuvieron en España por unos dos años, después la trasladaron a Ámsterdam, donde permaneció seis años, y posteriormente la llevaron a Francia y Alemania. "Siempre estaba acompañada por un guardia (de la red), nunca la dejaban sola".

Y es que, como le explica a BBC Mundo Youla Haddadin, consejera sobre Tráfico de personas de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, "cuando llegan a España ya están en el área de la Unión Europea y eso hace que su movimiento por el continente sea más fácil".

Cuando Chávez conoció a esa mujer en la cárcel, en 2013, tenía 35 años.

"Me contó que había sido sometida a esclavitud sexual por años, que tuvo dos abortos y que tenía sida". La enfermedad hizo que sus captores la empezaran a usar para transportar droga y por eso la arrestaron en Reino Unido.

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